El actor Germán Torres (Barcelona) se encuentra en plena gira de la obra de teatro 24 horas en la vida de una mujer, basada en la novela de Stefan Zweig. También está trabajando en el musical Aladín y ha participado en otros proyectos. Además, en 2013 ganó el Premio de la Unión de Actores a mejor secundario de teatro por la obra Iván-Off, de Antón Chejov.

En cine, le hemos visto en películas como Que Dios nos perdone, de Rodrigo Sorogoyen, o en Dulcinea, un film americano-español de David Hebrero. También es amplia su trayectoria en televisión, apareciendo en series como Amar es para siempre, La que se avecina, El Ministerio del Tiempo, El síndrome de Ulises o Lalola. Además, recientemente ha trabajado en la serie en inglés de la BBC The Mallorca Files. Nos encontramos con él en el Teatro Ideal de Calahorra, con motivo de la representación de 24 horas en la vida de una mujer.

Buenas tardes, Germán, y muchas gracias por atendernos.

Muy buenas tardes, qué placer estar aquí, en esta tierra tan maravillosa.

Empezamos hablando de la obra que has venido a representar. Teniendo en cuenta que ya ha recibido premios, como el Broadway World Spain a mejor espectáculo musical de pequeño formato, ¿qué destacarías de la última obra en la que estás trabajando, 24 horas en la vida de una mujer?

Germán Torres y Silvia Marsó en “24 horas en la vida de una mujer”.

Destacan varias cosas, como la puesta en escena que hizo Nacho García porque condensó toda la obra de Zweig en un solo espacio, y es mágico porque va cambiando continuamente. Puedes estar en el casino de Montecarlo, en una pensión cutre, en la Riviera Francesa…

Otra de las cosas a destacar es la música de Sergei Dreznin, una música que aúna muchos estilos: te puede recordar a Debussy y a un compendio de compositores de finales del siglo XIX y principios del XX. También la interpretación de mis compañeros y tener tres músicos, un violinista, un piano y un chelo, que hace que estés haciendo una pequeña ópera de cámara.

En esta obra, Silvia Marsó interpreta a una aristócrata que, por fin, deja de lado todos sus prejuicios y la presión social y se deja llevar por el instinto durante 24 horas. ¿Qué pasaría si fuera un hombre?

Nada. Absolutamente nada. Ahí está todo el remordimiento, todo el pesar, toda la culpa que cae sobre ella por haberse atrevido a ser libre o haber hecho lo que realmente quería hacer y, claro, la sociedad en aquella época… Bueno, ahora parece que somos un poco más modernos, pero todavía se culpa, se mira con otro calibre si lo hace una mujer o un hombre. Este es uno de los temas que Zweig coloca con todo el peso, porque somos todos nosotros los que juzgamos a esa mujer.

Todos y todas, ¿no?

Claro, muchas veces es más severa la crítica por parte de las mujeres.

También por la presión social.

Claro.

En apenas 3 años has trabajado en dos obras relacionadas directamente con los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres, una es esta y la otra, La primera mujer en la tierra. ¿Crees que es necesario movilizarse por esta causa también desde la cultura?

Cartel de “La primera mujer en la tierra”, de La Smorfia Teatro.

Sí. Curiosamente, cuando hicimos La primera mujer en la tierra, todavía no se habían puesto tan de moda todas estas cosas. Nosotros, antes de pensar “vamos a hacer una obra para reivindicar tal”, nos llegó el texto de David San Juan, lo escribió expresamente para Rosalía Castro. Y, de golpe, estábamos hablando del que, para mí, es un mito muy maltratado en la Historia, que es el mito de Pandora. A Pandora la crean para disfrute del hombre y encima tiene la mala virtud de destapar esa ánfora —nosotros hablamos de un ánfora, no de una caja, fue un error de traducción de un autor—. Ella, sin querer, por su curiosidad, destapa todos los males del mundo. Es como decir: vamos a culparla igual que culpamos a Eva o a Lilith. El peso de la mujer.

David San Juan hizo toda una maravilla porque nos retraía a todo lo que era la Antigua Grecia, al Olimpo, a entender cómo funcionaban esos dioses, y después nos quedamos con la Pandora mujer, la mujer en la Tierra que renuncia a la inmortalidad solo por querer vivir. Y ha llegado a una época contemporánea donde ya siente el peso de la edad y lo que realmente desea es morir. Viendo el futuro, viendo que los mensajes siguen siendo los mismos, por ejemplo por la música que se está haciendo, no sé cómo definirla, una música que, para mí, ensalza el maltrato, el reggaetón y todo esto. Y ella, viendo todo esto, viniendo del Olimpo, lo único que puede hacer es sacar eso que queda en el ánfora, que es el último de los grandes deseos, la esperanza. Es como decir: “Os doy esto y yo ya me quiero retirar”. Es como el eco de todas las mujeres en la Historia. Ella va cogiendo todo ese eco, habla de muchas mujeres, como la primera escritora que hizo la primera novela moderna, ahora no recuerdo su nombre (Christine de Pizan). Pasa por muchos personajes históricos que quedaron completamente ninguneados porque los hombres escribían la historia.

Precisamente otra pregunta iba referida al mito de Pandora, pero ya nos lo has explicado con detalle. Por cierto, muy bien interpretada por Rosalía Castro. Observamos cómo se repiten constantemente esos obstáculos a las mujeres. Aunque hay que decir que últimamente vivimos mucho mejor, no se puede comparar, pero siguen existiendo esos restos…

Hay seres, como este cantante tan famoso que no nombraré, pero que dice: “¿De qué os quejáis? Si tenéis todos los derechos…” Y, de golpe, sale un vídeo suyo de cuando era jovencito y dice “Yo le he puesto la mano encima a una mujer”. Y se queda tan ancho. Por suerte, también empieza a haber una sensibilidad que hasta ahora no había. Veo mucha gente, muchos chicos y muchos hombres que ya no pueden entender la violencia ni el dominio. Pero sí hay una cultura que nos pesa y van a hacer falta muchas generaciones. Aun así, hay una unión y hay conciencia.

Germán Torres en “24 horas en la vida de una mujer”.

La primera mujer en la tierra es una de las obras que habéis llevado a cabo con La Smorfia Teatro, una compañía que creaste en 2014 con el objetivo de ofrecer obras más sencillas respecto a la escenografía pero profundas en contenido y de gran calidad. De hecho, la primera obra fue La espuela de Rocinante, de Toni Conesa, un monólogo traquijotesco, como se definía. Dos años más tarde, en 2016, creasteis El hidalgo de la triste figura, de nuevo girando en torno al Quijote. ¿Por qué tanta dedicación a este personaje?

Era el mismo texto de Toni, pero uno era una versión contemporánea y el otro, una versión realmente clásica, como si estuviera Alonso Quijano en la época. ¿Por qué recurrir a Cervantes, a Alonso Quijano, al Quijote? Porque, viendo cómo está el mundo, necesitamos alguien que nos insufle ideales, dignidad, justicia y que nos haga creer un poco en la humanidad. Y yo creo que solo un loco como él nos puede insuflar ese aliento, porque viendo lo que está ocurriendo en el Amazonas, en el Mediterráneo como un cementerio, la inhumanidad que está existiendo… Creo que llegamos al Siglo de Oro, con la humanidad en su esplendor y su lucidez, en la escritura y la pintura, y poco a poco estamos yendo hacia una involución del ser humano, el individualismo, el no compartir. A mí hay una frase que me parte el alma: “Primero los nuestros”. Nunca podré entenderlo. Alguien que está en alta mar, que viene huyendo de una guerra, que viene con un bebé en brazos… Yo tengo una tontería y es que miro siempre la justicia preguntándome: ¿Esto lo haría el Quijote o no? Y siempre me da la respuesta. El Quijote se iría a salvar esa balsa, iría a protegerlos de los monstruos, de los Salvinis o de los “patriotas”.

Los patriotas de bandera, sí. Quizá se trata de eso, ¿no? De encontrar la cordura de la locura. Igual lo que nos han hecho creer que es cordura se nos va un poco de las manos y no lo es en realidad. Dejamos de lado nuestros sentimientos más básicos de seres humanos, de compartir, de comprendernos. Parece que nos han puesto una tierra de por medio, “tú eres de aquí y tú eres de aquí”, pero ¿en base a qué? Has puesto una frontera y te la has inventado.

Claro. Si miráramos nuestro ADN, tenemos una mezcla…

Ahora en La Smorfia Teatro estáis trabajando en un nuevo proyecto, Vida y muerte del rey Juan, de William Shakespeare, obra basada en la vida del llamado Juan sin Tierra. Habitualmente no ha sido representada en España por considerarse demasiado local. Sin embargo, en La Smorfia vais a trasladarlo a la época actual. ¿Qué puede tener en común?

Es alucinante. Cuando Rosalía y yo empezamos el proyecto y le hicimos el encargo a Gustavo Galindo, que es quien ha hecho la adaptación, él me propuso esta obra y yo no me enteré de nada, dije “esto es un cambalache de personajes”, que si Ricardo Corazón de León y tal. Yo no la veía. Y él se dedicó a hacer un trabajo minucioso de ir limpiando y se ha quedado una obra alucinante, porque es como si estuvieras viendo el G7. Habla de lo mismo, de la política y que a quienes están en política les importa una mierda el pueblo. Ellos están peleando por su territorio, pero en ningún momento tienen en cuenta qué le está pasando al pueblo, si pasa hambre… Y ver estos personajes es alucinante. De golpe, al peinarlo y dejarlo tan pulido, ha salido un texto con una poética y unos personajes femeninos, como es Constanza, que va a interpretar Rosalía. Es un personaje maravilloso que yo no conocía y que tiene unos monólogos… Shakespeare es el maestro de los maestros. Luego tenemos a Leonor de Aquitania y un compendio de personajes que no conocíamos y quizá parecían muy localistas. Y lo que ha hecho Gustavo es sacar la esencia de esa obra y es muy actual, completamente actual.

Claro, ver cómo esos personajes pueden coincidir con los actuales.

Yo estoy alucinando, porque estamos viendo todo esto del G7 y las reuniones, y Juan podría ser perfectamente un Trump, un fanfarrón que usurpa el poder y le da el igual el vulgo, el pueblo. Es lo que ocurre, estos se están peleando por territorios y tal, pero no miran por la humanidad.

¿Tienes algún otro proyecto en mente?

Me he tirado tres años muy intensos de teatro, desde que empecé con Incendios

Una obra magistral también.

Son necesarias. El público llega y de golpe le sacudes. Estoy seguro de que, si alguno de los de la banderita y los de “primero los nuestros” ha visto esa obra, algo le ha movido. Y para mí, que me dedico al teatro, ver eso es uno de los mejores premios. Igual que si hacemos el rey Juan y hay alguien que le mueve un poco la conciencia… No damos respuestas, pero sí queremos que se hagan preguntas. Ahora, mi primer proyecto es este, el rey Juan, y voy a estar involucrado en la producción, vamos a arrancar ahora los ensayos. Y ya sabes lo difícil que es buscar programación y todo esto, pero vamos a lucharlo, porque creo que tenemos un texto original, que solo se ha representado una vez en España, lo hicieron en Barcelona. Y nada, lo más inmediato que tengo es estar aquí con mi compañero Felipe Ansola, con Silvia Marsó, que está fantástica, y mis compañeros los músicos.

Imagen principal: Moisés Fernández Acosta