A medida que la conciencia contra el machismo y el sistema patriarcal ha crecido en la sociedad, también lo han hecho las declaraciones y sentencias que condenan a las víctimas. Y, por supuesto, han continuado las desapariciones y asesinatos de mujeres que decidieron salir solas a la calle y jamás regresaron a sus casas. La violencia de género va mucho más allá del maltrato recibido por parte de una pareja o expareja.

Laura Luelmo se suma desgraciadamente a la larga lista de jóvenes que han sido asesinadas por el hecho de ser mujeres y negarse a someterse a la voluntad de sus atacantes. Diana Quer y Leticia Rosino son las últimas que recordamos por ser sus casos mediáticos, pero hay muchas más. Las mujeres vivimos con el miedo permanente a caminar solas por la calle. Este miedo, cuyo extremo es la desaparición, la violación y/o el asesinato, también es violencia de género. Ningún hombre tiene miedo a caminar por la calle por temor a ser atacado solo por ser hombre.

La defensa propia como violencia de género

Sin duda, el feminicidio de Laura Luelmo es el caso más grave de las últimas semanas, aunque pronto su nombre se fundirá en unas estadísticas impersonales que algunos todavía rechazarán y argumentarán que las víctimas lo iban buscando o, al menos, preguntarán qué ropa llevaban puesta. Pero su caso no ha sido el único de violencia de género. También es violencia de género lo ocurrido con la joven de 22 años que en Albuñol (Granada) ha sido enviada a prisión sin fianza por apuñalar en el abdomen a su expareja cuando este entró en su domicilio a pesar de tener una orden de alejamiento de 250 metros y varios antecedentes por violencia de género.

Este hombre, de 24 años y con condenas firmes y varias órdenes de alejamiento a sus espaldas, a quien su expareja había denunciado y, como decimos, contaba con una orden vigente, decidió voluntariamente violar esta orden y entrar en el domicilio de la mujer. Ella actuó. Por lo visto, lo que debería haber hecho era esperar; seguramente él tenía muy buenos motivos para estar allí, aterrorizándola y violando una orden de alejamiento. Seguramente, lo que debería haber hecho ella era esperar, tal vez a ser asesinada y pasar, de nuevo, a ser una estadística. Esta decisión judicial de enviar a la mujer a prisión —y lo más importante, sin fianza—, también es violencia de género. Por lo general, un hombre que ataca en defensa propia cuando invaden su casa no es encarcelado sin fianza.

Acoso sexual en la campaña de la fresa en Huelva

Aún hay más casos de violencia de género. Hace unos meses salía a la luz la denuncia por acoso sexual de unas temporeras marroquíes que venían a trabajar a Huelva durante la campaña de la fresa. Ellas argumentaron que su empleador las acosaba constantemente, llegando a importunarlas en sus habitaciones. Una de ellas aseguró que le tocó los genitales y el pecho. A pesar de arriesgarse a ser repudiadas por sus familias en Marruecos si pierden el caso y a pesar de tener a sus hijos pequeños en sus ciudades de origen, el juez ha archivado la causa al considerar que “no aparece debidamente justificada la perpetración del delito”, algo que ocurre casi siempre con los casos de acoso. Por lo tanto, el juez ha decidido creer al empresario, que se trata de una “maniobra” para evitar su vuelta a Marruecos cuando terminara la temporada de la fresa. Repetimos: ellas tienen hijos en sus ciudades de origen y no tienen intención de quedarse en España. CCOO de Andalucía ha mostrado su rechazo a la decisión judicial y la defensa de las temporeras ya ha anunciado que recurrirá.

Como hemos dicho, esto ocurre a menudo en los casos de acoso. Al ser muy difícil conseguir pruebas físicas del acoso en cuestión, es el juez quien debe decidir si cree o no a la víctima. Por eso, en realidad, muy pocas mujeres deciden denunciar, sabiendo que se van a enfrentar a un juicio contra ellas mismas. En este caso, ellas se enfrentan a ser repudiadas por sus familias, por lo que la denuncia es un acto de valentía. Además, se conocen muchos casos de abusos en el sector de la fresa y en muchas campañas del campo en general: hacia los hombres, con explotación, salarios miserables y jornadas interminables; a las mujeres se les añade el acoso sexual, especialmente cuando se encuentran en una situación de vulnerabilidad, como es el caso de las mujeres inmigrantes. Esto también es violencia de género.

Para quienes argumentan que no es cuestión de género, seguimos esperando los casos de aquellos hombres asesinados por mujeres solo por ser hombres, por considerarlos inferiores y de su propiedad. También los casos de hombres asesinados en medio de la noche por mujeres que se sentían con el derecho de actuar sobre su cuerpo. Y, por supuesto, los casos de hombres con miedo de salir a la calle por temor a ser atacados por mujeres y los de hombres explotados sexualmente en campañas agrícolas por parte de empresarias que aprovechan su posición de poder.