Hija mía, hijo mío, antes de que nazcas (si algún día naces) me gustaría explicarte cómo funciona este mundo. No quiero que sufras y me parece importante avisarte con tiempo.

Hija mía, la primera lección que debes aprender es que las personas son distintas dependiendo de su preferencia sexual y también de donde nazcan. Si una ha nacido en un lugar en guerra, es su problema. Pobre, pero es su problema. Y si la culpa de que viva así la tiene nuestro gobierno, lo siento por ella, pero tú no debes cargar con la culpa. Eso sí, nunca olvides votar.
Puede venir, pero las fronteras son las fronteras, y siempre han sido así, no son en absoluto artificiales. Las personas no pueden circular por los países como sí lo hacen el dinero y las mercancías, adónde vamos a llegar.

Hijo mío, tú siempre debes ir a lo tuyo, nunca hagas huelga ni apoyes a nadie, tu vida es tu vida y los demás que apechuguen con lo suyo, “la vida es dura”. Eso sí, hijo, cuando a ti te pase algo, si te despiden del trabajo, debes exigir a los demás que no te dejen solo. Si es que te atreves a protestar. Porque en realidad es mejor que asumas que lo que te ha ocurrido es “normal” y le ocurre a todo el mundo, que es un castigo de la vida y no existe ningún responsable. Al fin y al cabo, es un jefe (o jefa), él o ella ha trabajado muy duro para llegar adonde está. Y tiene todo el derecho del mundo a despreciarte y, por supuesto, a decirte cuántas horas extra debes trabajar y pagarte las que quiera. Siempre debes dar lo más que puedas de ti para que la empresa vaya bien, hasta deslomarte, aunque no recibas más beneficio que tu precario salario. Al fin y al cabo, si la empresa va bien, tú tienes trabajo, ¿no? Las condiciones no importan. Y, por supuesto, siempre debes dar las gracias a tu jefe o jefa, es de bien nacidos ser agradecidos.

Además, hija, no olvides que la tierra que pisas te pertenece, nos pertenece a todos. Eso significa que si puedes aprovechar un recurso, hazlo sin dudar. Incluso si el ciclo natural no puede reciclarlo adecuadamente. La tierra es “tuya” y la puedes utilizar a tu antojo. De la misma manera, la naturaleza nos dio la inteligencia, así que puedes comerciar con animales sin ningún problema. Compra, vende y luego déjalos como te plazca. Y no olvides que puedes disfrutar haciéndoles sufrir. Somos más inteligentes que ellos, tenemos ese derecho.

Por último, hijo, a diferencia de la hija, eres hombre y, por lo tanto, tienes más responsabilidades. No olvides que debes ser el cabeza de familia y trabajar duro para llevar dinero a tu casa. Criar a tus hijos es cosa de tu mujer. Alimentarlos es cosa de tu mujer. Tú sólo debes participar activamente en juegos y, eso sí, establece las reglas bien temprano, que cuando crecen se te suben a la chepa. Pero antes de casarte, conoce a todas las mujeres que puedas, porque tú puedes hacerlo, serás un caballero experimentado cuando conozcas a “la definitiva”. Eso sí, si te enteras de que tu mujer querida ha estado con muchos, mosquéate cuando menos, te puede hacer lo mismo a ti y abandonarte si algún día se cansa del peligroso placer carnal. No olvides nunca tu papel, hijo: debes prosperar en tu reputado trabajo y mantener unida tu familia.

Una vez dicho todo esto, hija, hijo, sólo espero que nunca lo leas. Así funciona hoy el mundo. Pero espero que, si naces, hagas lo que sea por cambiarlo y darle la vuelta. Nunca rechaces a un ser humano por las personas de las que se enamore o por el lugar donde ha nacido, quédate a su lado, porque es de tu misma sangre y estás mucho más cerca de él de lo que nunca estarás de ese jefe o esa jefa que te desprecia. Nunca dudes en desobedecer las leyes cuando sean injustas y antepongan el dinero, el mercado o cualquier otra idea inventada a la humanidad. La humanidad y la dignidad es lo único que tienes, hija. Es lo único con lo que naces y espero que lo único con lo que mueras. Nunca dudes en ayudar a un compañero, a una amiga, a cualquier persona a tu lado que necesite ayuda o esté viviendo una injusticia, aunque eso suponga poner en peligro una situación estable. Porque ese sentimiento de hermandad y unión es lo único verdaderamente humano, hijo. Ni tu dinero, ni tu coche, ni el éxito vacío son humanos.

Y, ante todo, hija, respeta el lugar donde vives. Respeta las plantas que te rodean y los recursos. Respeta a los animales, esos que hacen que todo sea como es y muchos de los cuales nos dan tanto cariño a cambio de nada. Sólo una sociedad que antepone el dinero y que cree que los amigos se pueden comprar paga por un amigo. Nunca pagues por un animal. Hay muchos sufriendo por culpa del ser humano y buscan amor y cariño. Sólo las personas que creen que es posible comprar la amistad de otro ser humano la compran en los animales. Y ten siempre compasión de todo ser que sufra, y ayúdale.

Y no, hijo, no eres más que una mujer ni tienes más ni menos responsabilidades que ella. Elige libremente viviendo lo que deseas, pero nunca le exijas nada a ella. Ambos sois libres y continuáis siéndolo aun compartiendo una vida en común. Lucha a su lado por su liberación, por su empoderamiento y la consecución de todos sus derechos en total plenitud. Lucha a su lado porque sólo así podrás disfrutar de la crianza de tus hijos en absoluta igualdad y ella podrá llegar también adonde quiera, más allá de la maternidad. Porque vuestra responsabilidad es igual en todos los ámbitos, tenéis los mismos derechos y deberes, ni más ni menos.

Hija, hijo, ante todo nunca pierdas la humanidad que llevas dentro de ti desde el momento en que naces. No dejes que este mundo acabe con ella, lucha hasta el final por los valores morales que nuestra inteligencia nos ha legado. Si alguna vez naces, espero que sí leas esto.

Imagen: Greg Westfall